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El debate sobre la política fiscal es trascendental en una situación de crisis, como la actual. En la situación actual lo más oportuno no es incrementar el gasto público, sino que reducirlo y bajar los impuestos para devolver confianza y recursos a los consumidores, reactivar la economía, favorecer la inversión y contribuir al crecimiento económico y, por consiguiente, a la creación de empleo.
Tal como ha advertido en numerosas ocasiones el presidente de la CAEB, “una subida de impuestos perjudica directamente a la competitividad de nuestras empresas”. Al mismo tiempo, hace que la economía española y balear sea menos atractiva para la inversión y el turismo extranjero, limita las posibilidades de consumir de los ciudadanos y su confianza en el futuro.
Una disminución de la presión fiscal sería beneficiosa para nuestra economía, para nuestras empresas y para la creación de empleo, ya que estimularía la inversión y las iniciativas empresariales. La experiencia nos demuestra que a menos impuestos más actividad económica y, por consiguiente, una mayor recaudación para las administraciones central, autonómica y local. De esta forma, las cuentas públicas obtienen más ingresos, que llegan del crecimiento, y se permite la creación de puestos de trabajo que es la mejor fórmula de apoyar a los menos favorecidos que diariamente buscan un empleo. Hay que tener en cuenta que, en unos momentos en los que las dificultades de financiación y la falta de expectativas han causado un deterioro de la inversión productiva, son más necesarios que nunca incentivos que contrarresten estos factores.
Además, la reducción de esta carga fiscal sería muy positiva para aquellas empresas que a duras penas pueden mantener su plantilla y podría, también, frenar la economía sumergida y ensanchar las bases de cotización.
Por todo ello, la CAEB decidió emprender una investigación sobre “La presión fiscal por tributos locales en las empresas de Baleares. Comparación y evolución en el período 2000-2008” en el que se manifiesta negro sobre blanco cuál es la situación de la fiscalidad en los municipios de Baleares. Que la presión fiscal haya aumentado tanto como para hacer crecer un 162% la recaudación de tributos en nueve años es un claro indicador de que el modelo tributario se corresponde con el de los años de bonanza y no con el que deberíamos soportar en estos momentos. Hay que hacer especial hincapié en que la fortaleza del euro está obligando a las empresas a competir en precio, a reducir costes, sin poder beneficiarse de los efectos de devaluaciones como las de los años noventa, que, de cara al exterior, permitían marcar unos precios más competitivos. Aquellas devaluaciones inyectaban competitividad en las empresas sin necesidad de bajar los precios en pesetas ni reducir los impuestos de cara a los inversores y turistas extranjeros, que no obstante, en su moneda nacional pasaban a pagar menos impuestos en España. Hoy en día el euro nos obliga a tener una política de precios y fiscal mucho más flexible y capaz de adaptarse a las necesidades del mercado y, sin embargo, la presión fiscal no sólo se mantiene, sino que, por ejemplo, de cara a turistas e inversores británicos, aumenta, pues nuestra moneda se ha fortalecido frente a la Libra Esterlina. En definitiva, es menester una reflexión en las administraciones locales, incluyendo a los Consells Insulars; una reducción del gasto corriente en los presupuestos de 2010 y de 2011, y que esta se traslade en una reducción de la presión fiscal, más acorde con la situación actual.
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